Reviven con arte Edificio de los Sueños

En un inmueble que por décadas funcionó como vivienda, comercio y punto de encuentro, hoy se escuchan acordes musicales, lecturas de poesía y conversaciones entre artistas. El Edificio de los Sueños, ubicado en la Plaza Cervantina —en la zona Centro de Ciudad Juárez— cumple siete años como espacio cultural sostenido por colectivos ciudadanos.
De acuerdo con Carolina Rosas, integrante del proyecto, el edificio permaneció abandonado por más de 20 años. Señaló que el lugar fue adquirido en 2019 por un grupo de 13 personas vinculadas a movimientos sociales, asociaciones civiles y proyectos culturales, quienes buscaban un espacio para desarrollar actividades artísticas.
Indicó que el inmueble tuvo diversos usos a lo largo de su historia: funcionó como vivienda familiar, albergó oficinas y también operó como cafetería. En su etapa final se utilizó como tienda de abarrotes, cuyos restos aún eran visibles cuando el colectivo ingresó al lugar.
Explicó que la zona de la Plaza Cervantina tuvo actividad cultural, con galerías, teatro y mercados de arte, especialmente en los años setenta y ochenta. Con el crecimiento de ala ciudad y el desplazamiento hacia otras zonas, el Centro registró períodos de abandono.
Recordó que en 2012 y 2013 hubo intentos de reactivación con colectivos que realizaron murales y eventos culturales, aunque sin continuidad. En ese contexto, el grupo que hoy administra el edificio inició su intervención con el Festival de los Sueños en abril de 2019, como primer evento abierto al público.
A siete años de su apertura, el espacio mantiene una programación cultural basada en la participación de artistas y ciudadanos. Durante abril, como parte de su aniversario, se desarrollan actividades cada sábado con mercados de arte, música en vivo, teatro, talleres y exposiciones.
Rosas informó que para esta edición recibieron 67 propuestas de actividades, lo que permitió integrar una agenda que incluye presentaciones escénicas, lectura de poesía, talleres de pintura, graffiti y bordado, así como intervenciones artísticas.
Indicó que el espacio opera mediante un esquema de autogestión. Los gastos se cubren con aportaciones voluntarias, donaciones y actividades internas como la venta de café, lo que permite mantener el inmueble sin depender de renta.
Sobre la respuesta del público, mencionó que en el último año se ha incrementado la presencia de visitantes, entre ellos familias y jóvenes que recorren el centro y se integran a las actividades culturales. Añadió que el edificio forma parte de un circuito de espacios independientes cercanos, lo que ha favorecido la movilidad de asistentes en la zona.
Respecto a la relación con autoridades, señaló que el colectivo mantiene su carácter autónomo, aunque ha solicitado apoyo en servicios públicos cuando corresponde, como alumbrado o limpieza.
Finalmente, la integrante del proyecto indicó que la permanencia del espacio depende de la participación comunitaria y del uso constante del centro de la ciudad, como parte de la recuperación de espacios públicos con vocación cultural.




