Portada

¿Cuándo se hizo oficial el Día de Muertos en México?

Contrario a la idea popular ampliamente difundida, el Día de Muertos en México no es exclusivamente de origen prehispánico y, en sentido estricto, tampoco surge únicamente de un sincretismo indígena y europeo. Las festividades de los días 1 y 2 de noviembre, distintas de las ceremonias funerarias ancestrales mesoamericanas, tienen su origen en Europa medieval, siendo instituidas por la Iglesia católica. El 1 de noviembre se estableció para celebrar a Todos los Santos, incluyendo santos desconocidos y mártires cristianos, mientras que el 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, se dedicó a las almas que aún se encuentran en el Purgatorio, para que los vivos, a través de oraciones y súplicas, ayuden a su salvación.

El Día de Todos los Santos fue instituido por el Papa Bonifacio IV en el año 609 y, debido a la gran afluencia de fieles a Roma, fue trasladado a noviembre por el Papa Gregorio III y consolidado por el Papa Gregorio IV en el siglo IX, coincidiendo con la festividad celta del Samhain, que marcaba el final de la cosecha y la entrada al invierno. Esta combinación de calendarios agrícolas y religiosos dio lugar a que la fecha coincidiera con prácticas europeas de celebración y memoria de los difuntos.

No obstante, las opiniones sobre el origen del Día de Muertos en México son diversas y han generado un debate académico. Investigadores están divididos sobre si la festividad tiene raíces genuinamente indígenas prehispánicas o si es una versión reinventada en el siglo XX durante la presidencia de Lázaro Cárdenas para fomentar un nacionalismo mexicano basado en una identidad ‘mexica’.

El inicio de la observancia cristiana de Allhallowtide, que incluye el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos, se celebra en fechas similares en España y el sur de Europa, y en otras partes de la cristiandad. Los críticos de la teoría indígena argumentan que, aunque México precolombino tenía tradiciones para honrar a los muertos, las representaciones actuales tienen más similitudes con las tradiciones europeas, incluyendo la iconografía del esqueleto humano como recordatorio de la efímera naturaleza de la vida.

La historiadora y antropóloga Elsa Malvido, del INAH, ha señalado que la tradición moderna puede rastrearse directamente a la Europa medieval y cuestiona la idea de un sincretismo prehispánico-católico. Según Malvido, las prácticas asociadas al Día de Muertos son resultado de una historia compleja de tradiciones mortuorias, mezcladas con la liturgia católica y adaptadas a las costumbres locales de México y Centroamérica. Por ejemplo, el pan de muerto, las calaveritas de dulce y los altares decorados son adaptaciones de costumbres europeas, especialmente españolas e italianas.

Por otro lado, existen argumentos que respaldan la influencia prehispánica. Los mexicas celebraban al menos seis festividades al año relacionadas con la muerte, como Quecholli, dedicada a Mixcóatl, que se realizaba entre el 20 de octubre y el 8 de noviembre, incluyendo altares y alimentos para acompañar a los guerreros al más allá. El poeta y Nobel de Literatura Octavio Paz apoyó esta visión sincrética en su ensayo El laberinto de la soledad (1950), argumentando que la tradición del Día de Muertos es una continuidad de las antiguas festividades aztecas que celebraban la muerte.

Día de Muertos en San Cristóbal: presentación de catrinas y flor de cempasúchil en la ciudad
Locatarios del mercado de la zona norte llevaron acabo un evento para fortalecer la identidad cultural del Pueblo Mágico que hoy luce lleno de Flor de Cempasúchil en el kiosko del Parque Central
En México, la tradición se enriqueció con raíces prehispánicas. Los mexicas ya celebraban a sus muertos tras la temporada de cosecha, y esta práctica se fusionó con las creencias cristianas tras la Conquista, dando origen a la ofrenda que conocemos hoy.

Cada ofrenda es un reflejo de esta mezcla de creencias y del amor familiar hacia los que han partido. Entre sus elementos esenciales se encuentran:

Veladoras y cirios: guían y dan paz a las almas.

Incienso: purifica el ambiente.

Agua y sal: calman la sed de los difuntos y protegen su espíritu.

Flor de cempasúchil: su aroma y color guían a las almas hacia el altar.

Pan de muerto y frutas: representan el ciclo de la vida y los alimentos favoritos de los difuntos.

Calaveritas de azúcar o chocolate: sustituyeron los cráneos reales de antaño.

Papel picado: simboliza el aire y da color a la ofrenda.

Fotos y alimentos: el elemento más emotivo que recuerda a quienes se honra.

Cada año, millones de personas en México participan en estas tradiciones, que combinan historia, fe y memoria familiar. En 2008, la UNESCO reconoció al Día de Muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, consolidando su importancia a nivel internacional.

Aunque los días 1 y 2 de noviembre son los principales de celebración, es importante destacar que no son feriados oficiales según la Ley Federal del Trabajo, pero sí fechas que reflejan una profunda herencia cultural que sigue viva en todos los rincones de México.

Artículos Relacionados

Back to top button