Revela la dualidad entre Juan Gabriel y Alberto Aguilera

Jamás se enfrentó a la censura, tampoco se le impuso una línea narrativa, María José Cuevas se guió en el respeto y la famosa frase “lo que se ve no se pregunta” para develar al público la dualidad entre el personaje Juan Gabriel y el hombre que lo creó: Alberto Aguilera Valadez.
La directora de “Juan Gabriel: Debo, Puedo y Quiero” fue la invitada especial a la inauguración del evento Hacer Cine, organizado por CONARTE, que se llevó a cabo esta tarde en la Cineteca Nuevo León.
María José ofreció un Conversatorio, moderado por la productora Paula Astorga, que se extendió por una hora y en el que compartió detalles del arduo, pero fascinante trabajo al frente de la docuserie disponible en Netflix.
“Nunca hubo censura, sí un respeto de nunca caer en el chisme o el amarillismo, esa fue la línea a seguir. Mi guía fue él mismo. Él dijo contundentemente: ‘lo que se ve no se pregunta’, esa frase tan icónica fue mi guía. Lo estás viendo, no lo preguntes”.
En los cuatro capítulos de una hora que comprende la serie, la realizadora del documental Bellas de anoche y La Dama del Silencio: El Caso Mataviejitas, lo que pretendió y logró fue dignificar el legado de “El Divo de Juárez” y que el público pudiera conocer a Alberto Aguilera Valadez.
Para descubrir estas dos personalidades, María José tuvo a su disposición 2 mil 268 cintas en 16 formatos distintos, desde Súper 8, VHS y Beta, que el mismo Juan Gabriel grabó y guardó en una bodega.
Los vídeos caseros propiedad de la familia de “El Divo de Juárez” están desde 1973 y hasta el año 2000.
Además revisó medio millón de archivos de audio y su equipo clasificó un total de 30 mil fotografías digitales.
A través de este mar de archivos, agregó, pudo conocer íntimamente al cantautor de “Querida”.
“Me encontré en vídeo a Alberto Aguilera yendo al súper, jugando con sus hijos y a Juan Gabriel cantando en Bellas Artes. Me quedó claro que en él siempre existió esta dualidad, por eso existe esta famosa auto entrevista de Juan Gabriel a Alberto y de Alberto a Juan Gabriel”.
Fue revelador descubrir al hombre controlador que fue el artista.
“Era un controlador del cuadro y la imagen”, aseguró la cineasta, “él mismo se grababa, solito acomodando la cámara, tenía plena conciencia de lo que es la imagen, el registro y la cámara y eso es brutal”.
“Entre más conocí a Alberto Aguilera, más entendí la grandeza de Juan Gabriel, de dónde viene, que fue un niño abandonado y solitario”.
Uno de los ejercicios que hizo la cineasta fue imprimir todas las canciones del originario de Parácuaro, Michoacán, para leerlas como si se tratara de un libro de poemas.
“Era brutal que la palabra que más se repite es soledad. Este tipo de detalles para mí fueron una arqueología que me ayudaron a ir construyendo tanto a Alberto como a Juan Gabriel sin estar él vivo”.
“También fue muy fuerte muy al principio, en las primeras entrevistas que hicimos, que su amigo Jesús Salas nos dijo que Juan Gabriel ya no quiso cambiarse la válvula del corazón.
Juan Gabriel era un controlador, planeaba absolutamente todo y él sabía hasta donde quería llega, quería morir en el escenario”.
Entre los miles de apuntes que dejó el artista, María José encontró un cuaderno con una frase poderosa.
“Él escribió ‘cuando me llegue la muerte quiero que me agarre vivo’ y esa frase que escribió con su puño y letra me guió a construir su propia muerte en la serie”.




